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miércoles, 18 de febrero de 2009

On the Road.


Despierto en medio de la penumbra, el teléfono suena insistentemente. Lo dejo sonar por un momento mas, si es importante insistirá.

Suena, suena, suena. Sofía duerme su borrachera en la cama, yo me doy unas vueltas en el suelo, no quise dormir junto a ella, probablemente en la mañana despierte y grite si me ve a su lado. El hijo de puta de Gustavo no se la quiso llevar. Me debe una.

Enciendo un cigarro, mientras el maldito aparato sigue su cantar molesto. Camino a la cocina y me sirvo lo poco que queda de vodka.

Con el vaso y el cigarro vuelvo a la pieza, me sorprende que teniendo el teléfono en el velador a la cabeza de mi intento de cama Sofía duerma sin percibir el ruido.
-¿Alo? – contesto.
-¿Carlos?- una voz ronca hace vibrar el audífono, no me parece familiar.
-Si, con el, ¿Quién habla?.
- jajaja, me sorprende que ya no me recuerdes, viejo amigo.
-¿viejo amigo?, joder, no creo que tu tengas ese titulo.
-¿Cómo?, ¿ya no recuerdas al viejo Dean?
-¿Dean?, ¿Dean Moriarty?
-Así dicen…
-Me debes dinero…
-¿Qué pasa Rudie?, ¿acaso no te alegra saber de este blanco? – Se escuchan muchos autos de fondo, al parecer esta por la carretera o en algún Terminal.
-Realmente no, tus negocios siempre terminan mal, y ya sabes que me siento viejo para volver a ayudarte.
- hmm, supe lo de tu amigo.
-¿Si?, ¿y eso que tiene?, salió en muchos diarios, y solo falto una biografía de el en la TV para acabar con todo esto.
-hey, no te vayas en esa, yo solo quiero alegrarte un poco la vida, ¿Estas solo en casa?.
- Eso no importa, si te quedas acá probablemente venga la policía, y ya sabes que eso no me gusta.
-no llores, que a este teddy boy no lo persigue nadie, solo quiero tener un lugar donde quedarme.
- Puedo apostar a que tienes muchas que vender…
-se ve que me conoces, te ofrezco un trato…
-tu no ofreces nada, solo quiero el 10 por ciento que te den por las azules…
-no pierdes el tiempo…
-Solo recuerda que esto no es “The harder they come”
- Mañana pasaré, estate atento.

Corto. Jimmy Cliff me mira fijamente desde la pared, esta necesidad de dinero extra no es un mal hábito.

Al voltear, Sofía me mira fijamente, escuchó todo al parecer, en la oscuridad sus ojos de gato parecen mas amenazantes. No le digo nada, esta muy incorporada.
-¿En que andas metido?- pregunta.
-En algo que a muchos Mods les va a interesar.
- Lo tengo claro. ¿Qué hago en tu cama?, a mi me interesaba irme con tu amigo.
-suele pasar que las cosas no resultan como uno quiere.
-Al menos pudiste sacarme el vestido, esto se arruga ¿sabes?
-¿todos los mods son así de pretenciosos?.
-no, pero yo soy una señorita.
-Una señorita en la cama de un desconocido.
-pero una modette muy educada.

Quedamos en silencio por un momento, Sofía suspira con resignación y de una manera muy filmica desabrocha su vestido, lo lanza a los pies de la cama, dejando ver su figura mas bien provocativa. Se tapa con las mantas y vuelve a dormir.
Mala noche para un Rude Boy solo, al menos dios pudo darme una mejor oportunidad.

Vamos, que aun debe quedar algo de ron en la cocina.

sábado, 12 de julio de 2008

I`ll take you there.


-¡Mil quinientos y no más! – aulló la vieja detrás del mesón, mientras ojeaba los libros.
-¿Bromea?, están nuevos, ¡y son tomos escolares muy pedidos!- grito un poco mas fuerte Francisco, mientras yo observaba desde la puerta, simulando muy poco interés. Lo cual hacia de mi persona alguien mas interesante a simple vista.

Salimos de la Librería menos pobres de lo que entramos, mil quinientos hacían mas entretenida una tarde en la gran ciudad costera. Francisco para variar se quejaba de que su casera cada vez le daba menos dinero.

-no te sorprendas – le dije – las cosas últimamente están mal, y solo nos debemos conformar con tener el dinero para beber y sus cigarrillos correspondientes.

Al pasar por algunos negocios, la gente miraba como si hubiéramos salido de algún internado, o por lo menos de una de esas películas de gangster. Pues en parte seriamos unos con muy poco dinero, y con ganas de vivir lo que nos ofreciera el día. De todas formas capeé el frío bajo mi abrigo, mientras mi sombrero iba contra el viento.

- ¡lloverá! – exclamó Francisco mientras entraba a una tabaquería.
Yo de nuevo me quedé afuera, sentado en el borde de la vereda. De improviso me di cuenta que mis zapatos tenían una mancha blanca, “pintura” me dije.
Comencé a indagar el momento exacto en el que pude mancharme. Y pensé. Y pensé. Y pensé.


“CRASH!”, escucho, me asusto, volteo. Francisco, muy delgado y con sus pantalones sujetos de los tirantes, dejando ver los calcetines al limite de los zapatos, forcejea en la puerta con el que parece ser el dueño de la tienda. El grita, y entre garabatos entiendo: CORRE MALDITO IDIOTA!!.

Tomo un fierro que reposa al costado de la acera y creyéndome en cierta manera el bueno de Cliff , arremeto contra el mostrador de la tabaquería, dejando una lluvia de vidrios por la calle.

Y corro como alma que lleva el diablo. Francisco también lo hace, aunque escucho jadeos muy notorios a mis espaldas.

Nos escondemos en un callejón, ya a muchas cuadras del lugar, cabe decir que no tengo idea que paso, y realmente me parecía muy entretenido romper aquel vidrio, además sirvió para que el dueño se hiciera para atrás de una buena vez.

-¿me podrías decir que mierda es lo que pasó allí? – dije mientras volvía a revisar la mancha de pintura blanca sobre mi zapato.

-encontré muy caro todo, además, preguntó mi edad, y mis 17 años no le parecieron suficientes. Viejo tacaño.

-¿y que hiciste? – intervengo con saliva la mancha, y parece funcionar.

-me tire encima de la caja registradora, mientras el hacia unas cuentas – francisco saca de sus bolsillo unos cuantos billetes arrugados.

-¿eso es todo?.
-en realidad no, también saque algunas cajetillas del estante- del otro bolsillo de la chaqueta 3 botones saca unas cajetillas de Marlboro – Estuviste muy bien con el vidrio.

-gracias, me salió del alma.


Mientras compramos unas botellas, vemos nerviosos como la policía ronda el lugar, posiblemente ni siquiera en busca de nosotros, no se preocuparían por unos chicos bien vestidos que le robaron unos cuantos billetes a un viejo, y 6 cajetillas de cigarros. El alcohol se nos hizo barato, y partimos a sentarnos al borde costero, la costa es nuestro mejor refugio en estos casos.

Nos sentamos a beber, yo me preocupo de abrir la botella con los dientes, Francisco cierra los ojos, y respira muy hondo, parece cansado.

-hoy tuvimos suerte, no nos alcanzaron, y lo que es mejor: no llovió – dice, yo dejo salir una risa llena de sarcasmo.

-tenemos lo que queremos colega…
-mmm, voy a mear – Francisco se levanta y camina unos metros hacia un poste. Yo observo el mar, medio escondido en el banco de este mirador al amplio horizonte maritimo. Se encienden unas luces.


Miro lo que puedo, parecen ser las luces de un furgón, veo a Francisco con las manos en alto. De seguido veo bajar unos policías del auto, parecen reconocerlo, uno toma la radio y habla cosas que no logro escuchar, mientras el otro esposa a mi hermano. Aun no me han visto, y parecen no poner mucha atención, yo permanezco escondido.

Se lo llevan. Hoy no parece ser una buena noche para un Rude Boy. Sarcásticamente, comienza a llover.

lunes, 12 de mayo de 2008

Loka Narrativa: The Prince



No necesité mucha cabeza para darme cuenta que la noche anterior me había excedido con las botellas.

Y es por eso que nuestra juventud se paga con resaca. Entierro mi rostro en el almohadón, y recuerdo exactamente -retorcidamente- lo que ocurrió aquella noche. De lo siguiente no me hago responsable.

Uno, y con esto terminamos.

La noche se achacaba en la neblina, mientras unos pokemones al otro lado de la plaza bailaban extrañamente, por no decir que parecían el team “vergüenza ajena”. Con la mirada seguí por un momento un furgón de carabineros, que aparecía rauda y alarmantemente por una esquina.

Carlos acababa su cigarro y echaba el humo hacia el cielo, como si quisiera convidarle un poco a las estrellas. Camila rastreaba su aburrimiento, y con repetitivas miradas invitaba a ir por allí a patear basureros, o ocuparnos de algo que no fuera ver como el grupo de pseudos inadaptados, que estaba al frente, se divertía mas que unos pendejos progresistas como nosotros.

Entonces nos dispusimos los tres a caminar por el centro, algo nos podía ofrecer la ciudad en medio de toda esta oscuridad.

Viña yacía en el total silencio, y decidimos comprar alguna cosas “buenas” y dirigirnos a la playa. Mientras me acomodaba en las rocas del casino, Carlos comenzó sus discursos existencialistas, yo me esforzaba tratando de abrir la botella con la boca .

-¿no han pensado en donde estaríamos ahora si la noche no existiera?

-esa es la pregunta mas estúpida que pude haber escuchado – exclama Camila, yo suelto una carcajada mientras lucho con la tapa medio congelada.

-¿estúpido?, vamos, si en realidad lo piensas, tiene un maldito sentido.

- lo es, si no existiera la noche, probablemente, ni siquiera tu existirías – digo mientras escupo la vencida tapa, y bebo el primer sorbo.

Claro que era estúpido, sin la noche, no hay día, por lo tanto suena tonto tratar de pensar en la NO existencia de ambos. Pues bien, bebimos, saltamos, corrimos, pateamos en realidad un basurero, y este no grito.

Carlos seguía corriendo por los bordes, y yo cantaba como un idiota The prince de los Madness, no quiero recordar mas allá de eso, pero tampoco puedo pasar por alto la sensación de sentirme digno de mi juventud. No se nos pide pensar mucho. Y si pensamos somos dignos del mundo.

Cuando aun amanecía, Carlos ya no podía caminar mas, Camila echaba improperios hacia un enemigo inexistente, y yo sentado miraba mis zapatos mientras sujetaba mi sombrero. A decir verdad no tengo idea si amanecía, solo que bajo mi chaqueta no sentía mayor frío, al diablo, ni siquiera recuerdo bien ese detalle.

Camila se acurruco en mi hombro, y Carlos roncaba como una vaca apoyado en la banca de la Plaza donde comenzó la noche, ya no habían voces gritando, ni adefesios bailando. Solo era el fin de la noche y el punto de regreso a casa, Camila me beso la mejilla y sin ninguna palabra se fue, este detalle es real, pues ella desapareció, se fue a su casa sin decir adiós. Golpeé a Carlos en el hombro, y el se despertó lanzando un ruido como ahogado.

-Que hora es?.

-ni idea, Camila se fue.

-¿adonde?.

-a casa.

-¿la dejaste irse sola?

-golpea mas fuerte que yo.

-pues tienes razón Rude…- Carlos se levanto, y camino un poco- ¿no vendrás?.

-no caminamos para mismos lados, solo vete, estoy demasiado mareado para convencerme de caminar.

Carlos desapareció, y quede solo en aquella plaza. No me costo mucho llegar hasta casa.

De todas formas la noche me devolvió sano y salvo, Pero todo esto me costó una resaca.